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Comenté en otros artículos la relación entre la Onorata Societá y la política, pero esto no se dio con la llegada de Benito Mussolini al poder. Éste comenzó con una política más o menos tolerante en la isla, pero cada vez se tornaba un poco más agresiva. Un elemento determinante fue en una de las vistitas de Mussolini a Sicilia, concretamente a Piana dei Greci. Mussolini iba con sus guardaespaldas, pero el alcalde de la localidad y a la vez jefe mafioso de la zona, Francesco Cuccia, le dijo: “Vaya tranquilo excelencia, que aquí de aniquilar a los subversivos y de garantizar el orden nos ocupamos nosotros”.
Vittorio Emanuele Orlando, un político siciliano dijo en una ocasión: “Ahora os digo, ¡oh palermitanos!, que si por mafia se entiende el sentido del honor llevado a la exageración, la intolerancia contra toda prepotencia y atropello llevada hasta el paroxismo, la generosidad que se enfrenta al fuerte pero perdona al débil, la fidelidad a los amigos, más fuerte que todo, incluso que la muerte, si por mafia se entienden estos sentimientos y estas actitudes, a pesar de sus excesos, ¡pues se trata de rasgos indivisibles del alma siciliana y me declaro mafiosos y estoy contento de serlo!” Mussolini, a su vuelta a Roma, se dio cuenta de que en sicilia alguien mandaba y no era precisamente él. El poder centralizado y bajo una persona que proclamaba el fascismo se veía amenazado por unas personas de una cultura cuestionable, y no estaba dispuesto a tolerarlo. Para solucionar esta situación Mussolini envía a Sicilia a Cesare Mori, apodado el “Prefecto de Hierro”. Llevó a cabo una limpieza en toda Sicilia, encarcelando a todos los mafiosos que pudo. Pero su acción fue más contra la clase más baja de la mafia, contra los soldados, mientras que los grandes capos supieron mimetizarse y manteniendo sus actividades ocultas. Incluso muchos mafiosos se pusieron la camisa negra del fascismo y mantuvieron relaciones con el régimen. No olvidemos que Vito Genovese, durante su exilio en Italia, donó importantes sumas de dinero al partido fascista a cambio de mantener su negocio de tráfico de drogas y de dirigir el mercado negro. Aun así, el fascismo combatió fieramente a la mafia, de tal manera que cuando los aliados desembarcaron en Sicilia, en lo que se denominó la operación Husky, los mafiosos encarcelados fueron considerados combatientes del fascismo y muchos fueron puestos al frente de las alcaldías de sus pueblos.
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